La mayoría de los niños se las ponen encantados, y hay tres razones.
Parecen braguitas de mayor. El tejido y el corte son los de una braguita de verdad, no los de un pañal grueso. A un niño de dos o tres años no hay nada que le importe más que sentirse mayor.
Eligen su estampado. Cuando el dibujo lo elige él, la braguita deja de ser algo que le imponen y pasa a ser suya. Es uno de los factores que más cambian su disposición.
Se la pone y se la quita solo. El pañal depende de ti. La braguita se sube y se baja como cualquier prenda, y esa autonomía es justo lo que un niño de esta edad está buscando.
¿Y si aun así se resiste?
Habla de "mayor", no de "pañal". "Estas son tus braguitas de mayor, como las de papá y mamá." Preséntalo como un ascenso, nunca como un castigo.
Déjale elegir. Enséñale dos o tres estampados y que se quede con el que quiera. Cuando un niño decide, la mayor parte de la resistencia se cae sola.
Empieza poco a poco. Ponlas primero en los momentos en que suele hacer pis con más regularidad, normalmente por la mañana, para crear asociaciones positivas antes de pasar al día entero.
Haz de ello un momento. Guardad juntos los "pañales de bebé" y celebrad las "braguitas de mayor". El ritual importa más de lo que parece a esta edad.
Y si la resistencia no es por la braguita. A veces el niño no rechaza la prenda, rechaza el momento: una mudanza, un hermano recién nacido, la adaptación a la guardería. En esos casos lo que funciona es esperar unas semanas, no insistir. Forzar suele alargar el proceso.
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